miércoles, 29 de marzo de 2017

La bestia de la Luna Azul, de Alejandro Juárez - Reseña



La bestia de la Luna Azul
Alejandro Juárez
La Zonámbula, 2012
104 páginas


La bestia de la Luna Azul, de Alejandro Juárez, es una breve colección de cuentos que merece ser leída. Sin embargo, debo señalar que difiero con la frase inicial de la prologuista Gabriela Torres: “Mi sorpresa ante este refrescado volumen de horror tiene que ver con la baja que presenta en los últimos tiempos este género en México”. En primer lugar, dice esto en el 2011, cuando el género, siempre presente en nuestras letras, ¡nunca pero nunca había estado “a la alta” antes de la última década! He dicho y seguiré diciendo que apenas ahora los cultivadores del horror somos finalmente más de los que podría contar con los dedos Kurt Wagner de la Xavier Academy en Westchester, y esto sigue creciendo, como pretendemos mostrar con este blog. En segundo lugar, volviendo a mis discrepancias, este libro no es de horror; los cuentos recorren una gran diversidad de facetas de lo fantástico, incluyendo, sí, lo terrorífico, pero también otras situaciones muy diversas; lo que no tiene nada de malo, por supuesto, sólo me estoy poniendo puntilloso ante la promesa de ese párrafo introductorio.

La colección inicia con “Guardia nocturna”, que nos presenta una posible secuela de la historia del vampiro que yace en el Panteón de Belén; un entretenido relato que podría haber sido una viñeta de “La hora marcada” o “Dimensión desconocida”; en este caso, el vampiro que es tan difícil de enfocar de manera terrorífica en nuestros días, recibe un tratamiento muy distinto no exento de ironía.

“El buen samaritano” es un salto a una situación tan cotidiana como un invidente que recibe ayuda para cruzar la calle, y que no tarda en convertirse en una escena perturbadora, ambigua, que resulta inquietante por lo verosímil, escenificada una vez más en el viejo barrio del Santuario.
“La huella del tigre” es una de esas historias que se precipitan a lo angustiante sin molestarse en ofrecer un trasfondo para lo extraordinario; aquí no hay viejas maldiciones, espectros, anécdotas que prefiguren lo que va a ocurrir, únicamente el hecho insólito y aterrador. Es una anécdota, quizá, que evoca historias que ya conocemos, incluso alguna que ya enumera Lovecraft en su El horror sobrenatural en la literatura; pero Alejandro Juárez se ciñe al adagio: si no está roto, ¿para qué repararlo? A veces, ciertos temas que en manos hábiles, sin llegar a ser formulismos, nos resultan familiares, son como sillones cómodos donde disfrutamos arrellanarnos de vez en cuando, aun cuando nuestro anfitrión pueda ser quizá Rod Serling o el Tío Creepy.

“La bestia interna” es una llana y directa viñeta de licantropía, tan clásica que la gitana Maleva bien pudo habernos introducido a ella; este es un tema en extremo difícil de desarrollar con eficacia de manera literaria, y es con satisfacción que encuentro que en este caso no encontramos los submundos sobrenaturales y clanes teriantrópicos tan frecuentes en las novelas de moda; sencillamente, la bestia.

Sigue, en mi opinión, el plato fuerte de la colección: “El fantasma de Santa Margarita”. En este relato un poco más extenso encontramos a Ganímedes, una variante melancólica y con un giro sorprendentemente realista sobre la figura del detective de lo sobrenatural, a quien a pesar de la brevedad ya siente uno conocer, involucrándose tanto en sus inquietudes privadas como en sus indagaciones no exentas de suspenso detectivesco en torno a un centro comercial pueblerino construido sobre un viejo cementerio y escenario de apariciones fantasmales y potencialmente letales. Ganímedes es refrescantemente escéptico, pero ansía poder ver a un espíritu, experiencia que lo ha eludido a lo largo de su carrera. Es una historia absorbente y con un final sólido, inevitable y que se las arregló para sorprenderme. El cuento de fantasmas es otro que, al ser tan antiguo y tan gastado, es muy difícil de tratar con justicia, y Alejandro Juárez lo consigue plenamente.

“Soñar es vivir” es una breve viñeta que regresa una vez más a lo básico y, sin sorprender, se lanza a un final agradablemente inquietante.

“Corona de ratas” rescata una curiosidad grotesca de las historias antiguas y la revitaliza en un inesperado escenario de ciencia ficción, lo que no le impide una buena dosis de morbo gozoso e ironía; salvando el escenario futuro, es el tipo de historia a las que nos acostumbró Alfred Hitchcock.

Encontramos entonces la historia que da título a la colección, una reinvención del licántropo a través de la lente de la ciencia ficción, con acción frenética y un argumento directo que arrastra al lector. Fácilmente mi segundo favorito de la colección, lo que me habría parecido improbable dadas sus características, pero un cuento eficaz y eficiente captura el interés sin importar lo demás, y eso consiguió conmigo.

El último cuento, “Día de lectura”, acerca de la lectora de un libro de tema vampírico. El más breve, y pudo omitirse, aunque deja con ganas de leer el libro que Aída leía.


Como dije, no todos los cuentos son terroríficos y los mejores del libro –a mi modo de ver- no lo son (aunque “El fantasma de Santa Margarita” resulta plenamente satisfactorio para el aficionado al género si no por la atmósfera, sí por la temática), pero ciertamente es una lectura recomendable y una adición digna a nuestra colección de páginas del miedo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario